martes, 4 de septiembre de 2012

LA CASA DEL PROPÓSITO ESPECIAL. OPINIÓN.


              Además de que el marco en que se desarrolla parte de la narración, la Rusia del último zar es ya algo altamente atractivo, la novela se hace amena al pasar de la niñez de los protagonistas avanzando en el tiempo, para alternar con capítulos en que se cuenta desde el final de sus días hacia atrás. Muy bien estructurada para mantener un final, yo no diría sorprendente, sino casi previsible ya que esta ficción no podría terminar de otro modo. La supuesta desaparición de la gran duquesa Anastasia siempre ha despertado un interés especial y el autor juega bien esta baza.
                Yo me inclino más en la novela por la etapa de la madurez de los personajes en el exilio, en que el aspecto sicológico e introspectivo queda bien perfilado en esta mezcla de ficción e historia, que con una prosa fluida hace interesante su lectura.
                Un conmovedor relato lleno de emociones en un momento histórico apasionante.

domingo, 2 de septiembre de 2012

LA CASA DEL PROPÓSITO ESPECIAL. ALGUNOS PÁRRAFOS.



LA CASA DEL PROPÓSITO ESPECIAL. ALGUNOS PÁRRAFOS
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                _Me pregunté cómo soportarían los zares verse representados de manera tan obscena cuando pasaban por las calles. Ese hombre que había invertido meses y había sacrificado su salud en liderar al ejército para proteger nuestras fronteras. Esa mujer que acudía al hospital todos los días, a ocuparse de los enfermos y moribundos. La zarina no era una Mª Antonieta, y su esposo ningún Luis XVI, pero los mujiks parecían considerar el Palacio de Invierno un segundo Versalles, y sentí congoja al preguntarme dónde acabaría toda esa discordia.
                _Enviaban sus hijos a morir en los campos de batalla, mientras una mujer a la que consideraban más alemana que rusa controlaba sus vidas. Observaban como su emperatriz tenía tratos de fulana con un campesino al que despreciaban. Intentaban expresar su ira mediante manifestaciones, disturbios y panfletos, y eran masacrados a cada intento.
                _Cuando en 1916 se acercaba a su fin, San Petersburgo semejaba un volcán a punto de entrar en erupción, pero el palacio y sus habitantes permanecían felizmente ajenos al malestar que circulaba por las calles, y todos proseguimos con nuestras rutinas y costumbres como si nada anduviese mal.
                _Era como si todo el asunto se redujera a un juego de niños: Guille, Jorge y Nico corriendo por un jardín, disponiendo sus fuertes y soldados de juguete, disfrutando de una tarde de gran diversión hasta que uno de ellos llegaba demasiado lejos y un adulto responsable tenía que separarlos.
                _Lo miro (al nieto) y me pregunto cómo se las arregla siempre para marcharse justo cuando aparece un autobús, como si no quisiera desperdiciar un solo instante de su vida esperando en una esquina. Se sube de un salto a la parte trasera y levanta una mano: el zar sin corona de todas las Rusias saluda a su abuelo desde la parte trasera de un autobús londinense que acelera calle abajo mientras se le acerca un revisor para exigirle el importe del billete.

sábado, 1 de septiembre de 2012

LA CASA DEL PROPÓSITO ESPECIAL




Título: La casa del propósito especial


Autor: John Boyne


            Esta enternecedora novela narrada por el personaje principal, Georgi Danilovich, un hombre mayor que acompaña a su mujer en un hospital de Londres mientras ella acaba sus días aquejada de cáncer, empieza en el momento en que él repasa su vida, utilizando dos vías narrativas que se complementan de manera clara, entretenida y expectante.
             La primera línea de narración comienza en 1981, cuando Georgi acompaña a Zoya, su mujer, en un hospital. Así comienza a retroceder en el tiempo, recordando lo difícil que ha sido para este matrimonio ruso vivir en París hasta poder establecerse definitivamente en Londres, reviviendo crisis matrimoniales, búsqueda de trabajos y pérdida de su única hija, todo ello en modo regresivo. 
              La otra línea narra su propia historia, desde que era un adolescente proveniente de una pobre familia de mujiks en Kashin, un pueblo agrícola en la Rusia zarista y cómo, por un desgraciado azar en el que muere su mejor amigo cuando él intenta salvar la vida del gran duque Nicolás Nikoláievich, comandante supremo de todas las fuerzas rusas, éste lo recomienda en agradecimiento para un puesto en la corte del zar. Llega de este modo a formar parte de la Guardia Imperial del zar Nicolás II, estando a cargo del único hijo varón de éste, convirtiéndose en un hombre fuerte que reniega de sus orígenes y disfruta los privilegios de la vida en el Palacio de Invierno en San Petersburgo. Allí va a intimar con la gran duquesa Anastasia hija menor del zar.
           De este modo encontramos en la novela una gran variedad de situaciones, desde los secretos mejor guardados de la dinastía Romanov en Rusia, algunos de sus excéntricos personajes como Rasputín, la guerra y el comienzo de la revolución bolchevique, hasta la desolación del exilio y posterior ejecución del zar y su familia. Nos transporta a una de las épocas más duras que ha atravesado la humanidad en los últimos años, la Primera Guerra Mundial, desde la perspectiva de la Rusia zarista, pasando por el período de entre guerras con una Europa convulsionada y temerosa, hasta la Segunda Guerra Mundial. 
            El matrimonio formado por Georgi y Zoya al ser rusos exiliados en Inglaterra, experimentará el temor, la necesidad de ocultarse en refugios contra ataques aéreos a la vez que también deben defenderse de las sospechas y desconfianza de sus vecinos ingleses asustados por la situación que se vive. A través de la novela podemos ver cómo los personajes son constantemente impulsados por la necesidad de tener un hogar, una patria a la que pertenecer y una familia a la que acudir; pero un gran secreto y el temor de que éste sea descubierto, no les permite vivir con tranquilidad.
               

La combinación intercalada de estas historias da forma a esta notable novela que de una manera impecable el autor hace correr por ejes paralelos, para mágicamente volver a unirlos al final.

miércoles, 22 de agosto de 2012

LOS TEMPLARIOS



                                                        LOS TEMPLARIOS


            Hacia 1118, tras la conquista de Jerusalén en la primera cruzada, es proclamado rey Balduino I. La tradición religiosa de las peregrinaciones durante la Edad Media hizo que el flujo que hasta entonces se dirigía a Santiago de Compostela y Roma, derivara ahora hacia los Santos Lugares.  Estos nuevos destinos no estaban exentos de peligros, como salteadores de caminos o fuertes tributos de los señores locales. Para proteger a estos peregrinos y a falta de recursos del recién erigido rey de Jerusalén, se crea la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, de ahí lo de templarios. Esta organización se mantuvo activa durante poco menos de dos siglos y su fundación se debe a  nueve caballeros franceses liderados por Hugo de Payens.
            En un principio es reconocida por el Patriarca de Jerusalén y tras el concilio de Troyes, por la Iglesia Católica en 1129.
             Algunos integrantes de la Orden viajaron, encabezados por Hugo de Payens, por Francia primero y por el resto de Europa después, recogiendo donaciones y alistando caballeros en sus filas. Se dirigieron primeramente a los lugares de los que provenían, con la seguridad de su aceptación y asegurándose cuantiosas donaciones. En este periplo consiguieron reclutar en poco tiempo una cifra cercana a los trescientos caballeros, sin contar escuderos, hombres de armas o pajes.
            El apoyo que en Europa les concedió el abad San Bernardo de Claraval, (primo por parte de madre de Hugo de Payens) hombre de gran carácter, cuyo saber e independencia eran admirados en muchas partes de Francia y en la propia Santa Sede, fue un fuerte espaldarazo para la Orden.  Reformador de la Regla Benedictina, aconsejó a los templarios una regla rígida  que les hiciera aplicarse a ella en cuerpo y alma.
            Unos cincuenta años después de su fundación, los Caballeros de la Orden del Templo se extendían ya por tierras de lo que hoy es Francia, Alemania, el Reino Unido, España y Portugal. Esta expansión territorial y las numerosas donaciones contribuyeron al enorme incremento de su riqueza, que pronto no tuvo igual en todos los reinos de Europa.
            Tuvieron una destacada actuación en la segunda cruzada, protegiendo al rey Luis VII de Francia en las derrotas que éste sufrió a manos de los turcos. Saladino les hizo retroceder en Tierra Santa tras la batalla de los Cuernos de Hattin.  Éste les infligió una tremenda derrota, en la que cayó prisionero el Gran Maestre de los templarios Gérard de Ridefort y perecieron muchos de sus caballeros, aparte de las bajas hospitalarias.  Saladino tomó posesión de Jerusalén y terminó de un manotazo con el Reino. Sin embargo, la presión de la Tercera Cruzada y, sobre todo, el buen hacer de Ricardo I de Inglaterra (llamado Corazón de León) lograron de Saladino un acuerdo para convertir a Jerusalén en una especie de "ciudad libre" para el peregrinaje.        En 1291 tuvo lugar la Caída de Acre con los últimos templarios luchando junto a su Maestre, Guillaume de Beaujeu, lo que constituyó el fin de la presencia de los cruzados en Tierra Santa, pero no el fin de la Orden, que mudó su Cuartel General a Chipre.
            En España comienza su implantación en el reino de Aragón y tanto allí como en Castilla ayudaron a la repoblación de zonas conquistadas por los cristianos, creando asentamientos en los que edificaban ermitas bajo la advocación de mártires cristianos.
            Ante la invasión almohade, los templarios lucharon en el bando cristiano, venciendo junto a los ejércitos de Alfonso VIII de Castilla, Sancho VII de Navarra y Pedro II de Aragón en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212). En 1265, colaboraron en la conquista de Murcia, que se había levantado en armas, recibiendo en recompensa Jerez de los Caballeros, Fregenal de la Sierra, el castillo de Murcia y Caravaca.
            El final de la Orden se precipita cuando uno de los reyes que depositó sus riquezas en manos de los templarios, el rey Felipe IV "El Hermoso" de Francia; con el tiempo acaba debiéndole a la orden tanto, que queriendo recuperar su fortuna y ambicionando también las demás riquezas que poseían, organizó un proceso inquisitorial en su contra apoyado por su maquiavélico canciller Guillermo de Nogaret; juntos planearon la caída de los templarios en 1309 tal vez también sintiéndose amenazados por el poder militar de la orden. Fue el papa Clemente V el que consintió que los templarios fueran acusados de herejes y encerrados para posteriores torturas que confirmaran las acusaciones. Como es bien sabido, en muchos de estos procesos o en la mayoría, se acostumbraba torturar a los acusados hasta que dijeran la verdad, y después se les torturaba más para purificar con dolor su alma. Las acusaciones principales eran la adoración de ídolos y sodomía, Las demás acusaciones eran menores. Bajo el poder de poderosas torturas los inquisidores obtuvieron las respuestas que querían, es decir que los templarios confesaran que las acusaciones eran ciertas.
            Aunque el Papa Clemente V intentara en su fuero interno evitar la condena a los templarios, su debilidad frente a Felipe IV de Francia hizo que continuara con el proceso de disolución de la Orden. A raíz de ésta los templarios fueron dispersados. Sus bienes fueron repartidos entre los diversos Estados y la Orden de los Hospitalarios. En la Península Ibérica pasaron a la corona de Aragón en el este peninsular, de Castilla en el centro y norte, de Portugal en el oeste y a la Orden de los Caballeros Hospitalarios; si bien tanto en un reino como en otro surgieron diversas órdenes militares que tomaron el relevo a la disuelta, como la Orden de Santiago, la de Montesa (en Aragón), la de Calatrava o la de Alcántara, a las que se concedió la custodia de los bienes requisados.






Final del formulario

lunes, 13 de agosto de 2012

sábado, 11 de agosto de 2012

ALGUNOS PÁRRAFOS EN "LA RUTA DE LA SEDA"



ALGUNOS PÁRRAFOS:
            _Lo hallaron en el claustro. Estaba tendido de espaldas, con la cara teñida de azul y la barba cubierta de hielo. Se encontraba semiinconsciente y hablaba en murmullos de un caballero templario, de una misión secreta del Papa y de una hermosa mujer montada en un caballo blanco. Lo llevaron a su celda y lo acostaron en el duro catre en el que había dormido los últimos veinte años. Ya era viejo y nada se podía hacer por él. En sus ojos resplandecía el brillo frío de la muerte. Sus compañeros monjes comenzaron a murmurar oraciones mientras uno de ellos corría en busca del abad para que el viejo pudiera confesarse por última vez.
            _La velocidad con que cae la noche en el desierto le sorprendió. Era como ser arrojado a un calabozo sin ventanas cuya puerta se cerrara de golpe. La brusquedad de la puesta de sol y la llegada repentina de la noche eran una experiencia tan violenta que los lastimaba.
            _Algunas veces vivían las cuatro estaciones en un solo día. Una mañana se presentaba cálida y azul pero al mediodía el cielo estaba cargado de nubes y un vendaval convertía el horizonte en una niebla amarilla impenetrable. La tormenta duraba una hora. Por la tarde, el cielo estaba claro, y una vez más, el desierto se había convertido en un horno.
            _He oído decir que todas las religiones vivían lado a lado en Jerusalén hasta que llegamos nosotros, los francos, con fuego y violencia. Estos tártaros pueden decir lo mismo, que no deseamos traerles la paz de Dios, que sólo buscamos ejercer poder sobre ellos. Me resultaría difícil defender mi fe ante tales acusaciones.